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El término de
dermatitis o eczema se utiliza para denominar las afecciones de la piel en
las que la lesión fundamental es una erupción cutánea superficial. Se
inician como un enrojecimiento y luego se transforman en pápulas y
vesículas que exudan un líquido seroso, que con el tiempo se cronifican
engrosándose la piel. Los eczemas pueden ser de causa endógena, cuando no
hay un agente externo que inicie la afección, como es el caso de la
dermatitis atópica y la seborreica, o bien exógena, como la dermatitis de
contacto irritativa y alérgica, en las que un agente exterior provoca la
afección. Son estas últimas las que más incidencia tienen en la población.
Dermatitis de
contacto irritativa.
Es una reacción inflamatoria frente a un producto irritante que tiene
efecto tóxico sobre la piel. Es la dermatitis de contacto más habitual: la
mayoría de las personas la padecen por igual si entran en contacto con el
agente, que puede ser un disolvente, un detergente, determinados jabones,
ácidos y álcalis… Cuando se produce este tipo de dermatitis, la piel puede
responder de forma distinta, dependiendo de la concentración del producto,
la extensión afectada o del tiempo de actuación. Se cura cuando se deja de
estar en contacto con el irritante causante. No hay participación del
sistema inmunológico, no hay sensibilización previa y aparece al primer
contacto con el producto. La dermatitis irritativa puede, en algunos
casos, ser el paso previo para el desarrollo de una dermatitis alérgica.
Dermatitis de contacto alérgica.
Este otro tipo de dermatitis de contacto se produce por una reacción de
hipersensibilidad retardada. En contactos previos con la sustancia el
sujeto se va sensibilizando, hasta que llega un momento en que desarrolla
el eczema de forma más o menos virulenta. Los productos capaces de
producir alergia se denominan alérgenos. Su lista es interminable. Los más
frecuentes son:
Níquel: presente
en los productos de bisutería y en algunos metales. Hay un 5% de la
población sensibilizada al níquel.
Cobalto: puede
participar en una alergia cruzada con el níquel, al que se encuentra
muchas veces asociado.
Cromo: se
encuentra ampliamente extendido por la naturaleza y se utiliza en
industrias de la piel, fotográfica, del acero, tintes, y en la
construcción, donde el cromo se puede encontrar asociado al cobalto y al
níquel, provocando la dermatitis alérgica por cemento. También está
presente en algunos pigmentos azules (¡ojo con los tatuajes!).
Mercurio:
utilizado mucho en el ámbito sanitario, pero también en la fabricación de
desinfectantes, cosméticos, amalgamas dentales, pesticidas.
Cosméticos, bálsamo
del Perú, tintes de peluquería, perfumes, colonias… contienen muchas
veces sustancias con poder alergénico.
Gomas y látex: por
su amplio uso, cada vez generan más alergias. Guantes, botas, productos
médicos de protección, preservativos, ropa íntima, zapatillas deportivas…
las fuentes de contacto son innumerables.
Medicamentos aplicados
tópicamente: como la neomicina, un antibiótico muy utilizado en
pomadas, o anestésicos tópicos.
Hiedra, encina,
zumaque venenoso y otras plantas: pueden tener un potente efecto
irritativo y alérgico.
Otros tipos de
dermatitis de contacto.
Una forma muy especial de dermatitis es la generada por algunos productos
que, con sólo tocar la piel y ser expuestos a la luz solar, provocan una
alergia. Incluso hay personas que tienen una reacción anómala a la luz,
conocida como fotosensibilidad y que puede manifestarse de forma aguda o
crónica. Hay varios tipos de fotosensibilidad aguda, como la urticaria
solar (picor intenso a los pocos minutos de exponerse al sol), fototoxia
(quemaduras solares que aparecen horas o días después de exponerse al sol
y pueden durar días, semanas o meses), fotoalergia (en las áreas expuestas
al sol se desarrollan eczemas), erupción lumínica polimorfa (erupción con
pápulas y vesículas, aparece horas o días después de la exposición al sol,
más frecuente en mujeres a partir de los 30 años) o el lupus eritematoso
subagudo (en personas que padecen lupus eritematoso, la exposición al sol
les genera aparición de lesiones cutáneas).
Síntomas del eczema.
La lesión cutánea típica de la dermatitis de contacto alérgica es el
denominado eczema, en cuya formación se suceden varias fases. La aguda o
inicial comienza con un enrojecimiento de la piel y la aparición de
pequeñas vesiculitas que se rompen y exudan un líquido seroso. En la
siguiente fase, denominada subaguda o intermedia, se empiezan a desecar
las lesiones y se forma una costra. En la fase crónica, la piel se seca,
se endurece y engrosa. Surgen fisuras que pueden extenderse a otras zonas
y que incluso pueden llegar a sangrar. La zona afectada ofrece un aspecto
un tanto desagradable. En todas las fases se sufren picores. Los eczemas
pueden ser especialmente molestos cuando se sitúan en zonas del cuerpo
cercanas a las articulaciones, pues con algunos movimientos se estira de
la piel y la zona del eczema duele (por ejemplo, en los dedos de las
manos).
Diagnóstico, en ocasiones arduo.
El diagnóstico de
la dermatitis de contacto alérgica es, por lo general, complicado y
requiere una actividad casi detectivesca del especialista. Si el eczema
aparece en la zona donde se ponen pendientes, collares, reloj o anillos,
la conclusión es clara: los causantes pueden ser el níquel o el cobalto.
Pero en ocasiones las pesquisas se complican, dado que algunos alérgenos
que producen lesiones cutáneas pueden llegar vía inhalatoria o digestiva.
El diagnóstico se basa en
la historia clínica y en la realización de pruebas epicutáneas o pruebas
del parche, que son el mejor método para determinar qué sustancias son las
responsables de la alergia. Para ello se aplican sobre la piel, en la
parte superior de la espalda, los productos sospechosos, agrupados en
baterías. Se cubren con parches y se mantienen durante dos días seguidos.
Tras la primera lectura a las 48 horas, se realiza una segunda a las 72-96
horas, para ver cómo reacciona la dermis. Hay que ser un buen experto para
hacer una correcta interpretación de los resultados.
Tratamiento.
El tratamiento de
la dermatitis de contacto pasa por eliminar todo contacto con la sustancia
que la genera, algo fácil una vez determinado cuál es el agente causante.
No siempre es sencillo dar con él, lo que en ocasiones obliga a tanteos
que pueden desesperar al paciente. En el mundo laboral es frecuente la
utilización de cremas barrera que actúan a modo de defensa entre la piel y
el producto que causa la dermatitis.
En la fase aguda son
eficaces las compresas húmedas con permanganato potásico y/o sulfato de
cobre y la aplicación de corticoides tópicos, de los que en la actualidad
hay una gran variedad. En algunas ocasiones las lesiones se infectan y hay
que aplicar antibióticos localmente. En la fase aguda, caracterizada por
vesículas y exudación, no es aconsejable utilizar pomadas o cremas,
mientras que en la fase crónica -de lesiones secas y costrosas- resultan
eficaces las cremas o pomadas con esteroides durante breves periodos de
tiempo, así como emolientes para “ablandar” la piel lesionada. Si el picor
es muy molesto se pueden tomar antihistamínicos.
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