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DIRIGIR, UNA EMPRESA CARGADA DE EMOCIONES  
Carmen Blasco. Psicóloga y Formadora.
   

Vivimos en un entorno donde impera la globalización. Los mercados, los productos, los servicios y las tecnologías tienden a la homogenización. Las personas son uno de los pocos factores competitivos con los que cuenta una empresa para diferenciarse de otra. Las empresas necesitan hacer un gran esfuerzo para no dejar escapar a sus colaboradores más valiosos. Ante igualdad de condiciones el empleado elige la empresa en la que se siente integrado, valorado, comprendido y respetado. Por eso es necesario un modelo centrado en intangibles que generen relaciones eficaces que permitan conservar a empleados y clientes.

El mundo de los sentimientos es dual reímos porque sentimos pero también lloramos y nos enfadamos porque sentimos. No está en nuestras manos decidir qué podemos sentir o qué no, pero podemos elegir que hacer con todos esos sentimientos que nos desbordan a pesar nuestro. Nuestro entorno actual es cambiante (fusión de empresas, integración en nuevos equipos cambios organizacionales y tecnológicos, reducciones de plantilla…), muy cambiante y dirigir una empresa en un medio tan inestable requiere profesionales mental y emocionalmente preparados. Nuestras decisiones, nuestros escuerzos y nuestras relaciones (y en consecuencia nuestro rendimiento, creatividad e innovación) estarán determinados por el modo en que manejemos nuestras emociones.

Todos nosotros conocemos las consecuencias del mal manejo de nuestras emociones: malos entendidos, recelo intra e interdepartamental, falta de involucración e innovación, perdida de clientes, perdida de personas clave y decisiones erróneas. Si no conocemos nuestras emociones simplemente reaccionamos si las conocemos podemos actuar.

Un ejemplo de la necesidad de saber manejar la tensión o el estrés que pueden provocarnos nuestras emociones es el acoso laboral. Hace tiempo que los especialistas en medicina del trabajo han descubierto los efectos del estrés. Pero su atención a los fenómenos del mobbing una forma de acoso psicológico en el trabajo es muy reciente. Iñaki Pinuel ha realizado un importante estudio epidemiológico en el que demuestra que la prevalecía de acoso laboral en nuestro país es próxima al 12% (es decir uno de cada ocho). No hace falta extenderse en el tema del mobbing para darnos cuenta que el componente emocional es decisivo cuando se experimenta y decisivo para no perder el control personal y de la situación. José Luis González de Reivera en su libro “Como defenderse del mobbing y otras formas de acoso” aboga por el autoconocimiento y una actitud proactiva para poder decidir y actuar de forma consciente y coherente.

No todas las situaciones conflictivas son tan extremas como el mobbing pero si conocemos nuestras emociones podremos decidir mejor que postura tomar y que cambio llevar a cabo.

Todos los seres humanos tenemos unas necesidades comunes como sentirnos seguros y a salvo, sentirnos integrados en un grupo y no marginados, sentirnos apreciados, sentirnos valorados por lo que hacemos… tanto si estas necesidades son cubiertas como si no nuestros sentimientos relacionados exteriorizados o contenidos marcarán el rumbo de nuestros futuros acontecimientos.

No se trata aquí de aprender a controlar las emociones de forma forzada y antinatural si no a reconocerlas y elegir que queremos hacer con ellas. En muchas ocasiones aceptarlas y permitirlas es mejor que mantenerlas siempre contenidas. La exteriorización elegida tienen su momento y lugar y estos factores pueden ser elegidos si además de reconocerlas estamos dispuestos a aceptar las consecuencias. No está en nuestras manos decidir que podemos sentir y qué no (miedo, enfado, desilusión tristeza….) pero si está en nuestras manos qué hacer con estos sentimientos que nos desbordan.

Por ejemplo si sabemos reconocer una emoción como los celos, si sabemos que los celos son una mezcla de ira y miedo estaremos en condiciones de reaccionar de forma más proactiva en lugar de reactiva. Si además de conocemos los diálogos e imágenes internas que disparan una emoción o la alimentan, si conocemos las repercusiones biológicas y fisiológicas de las emociones, si conocemos técnicas cognitivas para frenar los diálogos internos o imágenes no deseadas y si conocemos alguna técnicas para eliminar la tensión física (unida a la psicológica) como la relajación, la visualización, el yoga, la respiración controlada… estaremos en mejores condiciones de tener un mejor control de las situaciones cotidianas y en definitiva un mayor control de nuestra vida (personal, social y profesional).

Por último como, el mundo laboral tiene sus reglas de juego y cada empresa es un mundo al igual que cada uno de nuestros colaboradores, tendremos que saber detectar cuales son sus reglas de juego para poder reaccionar de forma adecuada aunque nosotros por naturaleza o por formación no seamos participes de esas reglas. Por ejemplo, tú puedes saber que la cooperación (tu ganas/yo gano) es un modelo más operativo que el modelo competitivo (para ganar alguien tiene que perder) ya que facilita la creatividad la innovación y la calidad en las relaciones; pero si estas en un entorno donde impera el modelo competitivo (y tú has elegido quedarte), está claro que no puedes ir dando lecciones de inteligencia emocional pero tienes que estar prevenido para no prodigarte, conocer técnicas de comunicación que te faciliten la vida y estar prevenido para no caer en errores que uno mismo critica en otros.

La gestión de las emociones no es una idea nueva en el mundo de la empresa. Desde hace décadas que se imparten seminarios, talleres y cursos como “Habilidades Sociales”, Eficacia Personal, Creación de Equipos, Liderazgo, Dominio del Estrés, Escucha Activa…. En los que la importancia de las emociones y las técnicas que favorecen la comunicación era y es el denominador común. El éxito es mucho más que gozar de buen status, popularidad o una buena carrera profesional. Es éxito personal de lo que depende es de grado de satisfacción con nosotros mismo y con las personas con las que nos relacionamos. Y esto depende de nosotros, no de factores externos.

Aunque estos conceptos no son nuevos, fue Daniel Goleman (psicólogo y periodista) quien dio “el pistoletazo de salida” con su libro “Inteligencia Emocional” en el año 95.

En su libro dejaba claro que el Cociente de Inteligencia (inteligencia asociada al intelecto y a las habilidades lógico/matemáticas) no era garantía de éxito personal o profesional. Como mucho el C.I podía contribuir solo en un 20% a conseguir satisfacción personal. Lógicamente si no tienes inteligencia lógico-matemática difícilmente podrás ser competente como informático, ingeniero o inspector de hacienda, y si no tienes inteligencia espacial difícilmente serás un buen mecánico o un buen jugador de fútbol. Y no digamos como explorador … lo pasarías realmente mal en tus viajes. De todas formas ni siquiera la competencia profesional por si sola es garantía de éxito. Entonces ¿de qué depende? Puedes que muchos digan que “la clase social” en la que uno haya crecido o la suerte contribuye. Contribuye pero no son determinantes. La suerte por ejemplo. Estar en el momento adecuado en el sitio oportuno tampoco es determinante.

Hace poco leí un libro recientemente publicado:“La Buena Suerte” de Alex Rovira y Fernando Trías .Me encantó por su claridad y simplicidad. Para escribir esta fábula dedicaron más cuatro años a localizar y hablar con personas que consideraba que habían tenido buena suerte en la vida. Al final plasmaron en su libro los factores comunes que tenían todas esas personas. Aunque muchos fruncirán el ceño con escepticismo el mensaje es: “Tú eres la causa de tu buena suerte” Diferencian entre Suerte y Buena Suerte. La Suerte es el azar, no depende de uno mismo porque no es controlable. Puede ser buena o mala pero en cualquier caso su presencia es ocasional.

Es clarificador el hecho comprobado de más del 90% de las personas que han obtenido un gran premio en juegos de azar han perdido todo lo ganado al cabo de cuatro y siete años y además su red de afectos ha salido gravemente afectada por ello debo a problema derivados de la avaricia. La Buena Suerte es la que uno crea o favorece. Según los autores lo que tienen en común los creadores de Buena Suerte pueden resumirse en cinco principios: Reconocer que uno mismo es responsable de sus acciones. No vivir los errores como fracasos si no como fuente de aprendizaje. Perseverar en lugar de postergar. Confianza en uno mismo y confianza en los demás. Cooperar en vez de competir. Es un libro muy ameno y esclarecedor no sólo por lo que dicen si cómo lo dicen. Es una fábula que llega.

Lo que determina la satisfacción en la vida privada y personal desde los puestos de trabajo más modestas hasta los altos cargos directos, el factor determinante no es ni el cociente intelectual, ni los diplomas, ni la pericia técnica. El factor determinante es según Goleman la Inteligencia Emocional.

Depende que nuestras dos mentes, La racional/pensamiento/cabeza y la emocional/sentimiento/corazón vayan siempre juntas y concretando un poco más... la I. E. depende de la Autoconciencia, la autoestima, el autocontrol, la empatía, la de dedicación, la integridad, la habilidad para comunicarse y la habilidad para iniciar y aceptar los cambios.



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