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Vivimos
en un entorno donde impera la globalización. Los mercados, los productos,
los servicios y las tecnologías tienden a la homogenización. Las personas
son uno de los pocos factores competitivos con los que cuenta una empresa
para diferenciarse de otra. Las empresas necesitan hacer un gran esfuerzo
para no dejar escapar a sus colaboradores más valiosos. Ante igualdad de
condiciones el empleado elige la empresa en la que se siente integrado,
valorado, comprendido y respetado. Por eso es necesario un modelo centrado
en intangibles que generen relaciones eficaces que permitan conservar a
empleados y clientes.
El mundo
de los sentimientos es dual reímos porque sentimos pero también lloramos y
nos enfadamos porque sentimos. No está en nuestras manos decidir qué
podemos sentir o qué no, pero podemos elegir que hacer con todos esos
sentimientos que nos desbordan a pesar nuestro. Nuestro entorno actual es
cambiante (fusión de empresas, integración en nuevos equipos cambios
organizacionales y tecnológicos, reducciones de plantilla…), muy cambiante
y dirigir una empresa en un medio tan inestable requiere profesionales
mental y emocionalmente preparados. Nuestras decisiones, nuestros
escuerzos y nuestras relaciones (y en consecuencia nuestro rendimiento,
creatividad e innovación) estarán determinados por el modo en que
manejemos nuestras emociones.
Todos
nosotros conocemos las consecuencias del mal manejo de nuestras emociones:
malos entendidos, recelo intra e interdepartamental, falta de
involucración e innovación, perdida de clientes, perdida de personas clave
y decisiones erróneas. Si no conocemos nuestras emociones simplemente
reaccionamos si las conocemos podemos actuar.
Un ejemplo de la necesidad de saber manejar la tensión o el estrés que
pueden provocarnos nuestras emociones es el acoso laboral. Hace tiempo que
los especialistas en medicina del trabajo han descubierto los efectos del
estrés. Pero su atención a los fenómenos del mobbing una forma de acoso
psicológico en el trabajo es muy reciente. Iñaki Pinuel ha realizado un
importante estudio epidemiológico en el que demuestra que la prevalecía de
acoso laboral en nuestro país es próxima al 12% (es decir uno de cada
ocho). No hace falta extenderse en el tema del mobbing para darnos cuenta
que el componente emocional es decisivo cuando se experimenta y decisivo
para no perder el control personal y de la situación. José Luis González
de Reivera en su libro “Como defenderse del mobbing y otras formas de
acoso” aboga por el autoconocimiento y una actitud proactiva para poder
decidir y actuar de forma consciente y coherente.
No todas
las situaciones conflictivas son tan extremas como el mobbing pero si
conocemos nuestras emociones podremos decidir mejor que postura tomar y
que cambio llevar a cabo.
Todos los
seres humanos tenemos unas necesidades comunes como sentirnos seguros y a
salvo, sentirnos integrados en un grupo y no marginados, sentirnos
apreciados, sentirnos valorados por lo que hacemos… tanto si estas
necesidades son cubiertas como si no nuestros sentimientos relacionados
exteriorizados o contenidos marcarán el rumbo de nuestros futuros
acontecimientos.
No se trata aquí de aprender a controlar las emociones de forma forzada y
antinatural si no a reconocerlas y elegir que queremos hacer con ellas. En
muchas ocasiones aceptarlas y permitirlas es mejor que mantenerlas siempre
contenidas. La exteriorización elegida tienen su momento y lugar y estos
factores pueden ser elegidos si además de reconocerlas estamos dispuestos
a aceptar las consecuencias. No está en nuestras manos decidir que podemos
sentir y qué no (miedo, enfado, desilusión tristeza….) pero si está en
nuestras manos qué hacer con estos sentimientos que nos desbordan.
Por
ejemplo si sabemos reconocer una emoción como los celos, si sabemos que
los celos son una mezcla de ira y miedo estaremos en condiciones de
reaccionar de forma más proactiva en lugar de reactiva. Si además de
conocemos los diálogos e imágenes internas que disparan una emoción o la
alimentan, si conocemos las repercusiones biológicas y fisiológicas de las
emociones, si conocemos técnicas cognitivas para frenar los diálogos
internos o imágenes no deseadas y si conocemos alguna técnicas para
eliminar la tensión física (unida a la psicológica) como la relajación, la
visualización, el yoga, la respiración controlada… estaremos en mejores
condiciones de tener un mejor control de las situaciones cotidianas y en
definitiva un mayor control de nuestra vida (personal, social y
profesional).
Por último como, el mundo laboral tiene sus reglas de juego y cada empresa
es un mundo al igual que cada uno de nuestros colaboradores, tendremos que
saber detectar cuales son sus reglas de juego para poder reaccionar de
forma adecuada aunque nosotros por naturaleza o por formación no seamos
participes de esas reglas. Por ejemplo, tú puedes saber que la cooperación
(tu ganas/yo gano) es un modelo más operativo que el modelo competitivo
(para ganar alguien tiene que perder) ya que facilita la creatividad la
innovación y la calidad en las relaciones; pero si estas en un entorno
donde impera el modelo competitivo (y tú has elegido quedarte), está claro
que no puedes ir dando lecciones de inteligencia emocional pero tienes que
estar prevenido para no prodigarte, conocer técnicas de comunicación que
te faciliten la vida y estar prevenido para no caer en errores que uno
mismo critica en otros.
La
gestión de las emociones no es una idea nueva en el mundo de la empresa.
Desde hace décadas que se imparten seminarios, talleres y cursos como
“Habilidades Sociales”, Eficacia Personal, Creación de Equipos, Liderazgo,
Dominio del Estrés, Escucha Activa…. En los que la importancia de las
emociones y las técnicas que favorecen la comunicación era y es el
denominador común. El éxito es mucho más que gozar de buen status,
popularidad o una buena carrera profesional. Es éxito personal de lo que
depende es de grado de satisfacción con nosotros mismo y con las personas
con las que nos relacionamos. Y esto depende de nosotros, no de factores
externos.
Aunque
estos conceptos no son nuevos, fue Daniel Goleman (psicólogo y periodista)
quien dio “el pistoletazo de salida” con su libro “Inteligencia Emocional”
en el año 95.
En su
libro dejaba claro que el Cociente de Inteligencia (inteligencia asociada
al intelecto y a las habilidades lógico/matemáticas) no era garantía de
éxito personal o profesional. Como mucho el C.I podía contribuir solo en
un 20% a conseguir satisfacción personal. Lógicamente si no tienes
inteligencia lógico-matemática difícilmente podrás ser competente como
informático, ingeniero o inspector de hacienda, y si no tienes
inteligencia espacial difícilmente serás un buen mecánico o un buen
jugador de fútbol. Y no digamos como explorador … lo pasarías realmente
mal en tus viajes. De todas formas ni siquiera la competencia profesional
por si sola es garantía de éxito. Entonces ¿de qué depende? Puedes que
muchos digan que “la clase social” en la que uno haya crecido o la suerte
contribuye. Contribuye pero no son determinantes. La suerte por ejemplo.
Estar en el momento adecuado en el sitio oportuno tampoco es determinante.
Hace poco leí un libro recientemente publicado:“La Buena Suerte” de Alex
Rovira y Fernando Trías .Me encantó por su claridad y simplicidad. Para
escribir esta fábula dedicaron más cuatro años a localizar y hablar con
personas que consideraba que habían tenido buena suerte en la vida. Al
final plasmaron en su libro los factores comunes que tenían todas esas
personas. Aunque muchos fruncirán el ceño con escepticismo el mensaje es:
“Tú eres la causa de tu buena suerte” Diferencian entre Suerte y Buena
Suerte. La Suerte es el azar, no depende de uno mismo porque no es
controlable. Puede ser buena o mala pero en cualquier caso su presencia es
ocasional.
Es clarificador el hecho comprobado de más del 90% de las personas que han
obtenido un gran premio en juegos de azar han perdido todo lo ganado al
cabo de cuatro y siete años y además su red de afectos ha salido
gravemente afectada por ello debo a problema derivados de la avaricia. La
Buena Suerte es la que uno crea o favorece. Según los autores lo que
tienen en común los creadores de Buena Suerte pueden resumirse en cinco
principios: Reconocer que uno mismo es responsable de sus acciones. No
vivir los errores como fracasos si no como fuente de aprendizaje.
Perseverar en lugar de postergar. Confianza en uno mismo y confianza en
los demás. Cooperar en vez de competir. Es un libro muy ameno y
esclarecedor no sólo por lo que dicen si cómo lo dicen. Es una fábula que
llega.
Lo que
determina la satisfacción en la vida privada y personal desde los puestos
de trabajo más modestas hasta los altos cargos directos, el factor
determinante no es ni el cociente intelectual, ni los diplomas, ni la
pericia técnica. El factor determinante es según Goleman la Inteligencia
Emocional.
Depende que nuestras dos mentes, La racional/pensamiento/cabeza y la
emocional/sentimiento/corazón vayan siempre juntas y concretando un poco
más... la I. E. depende de la Autoconciencia, la autoestima, el
autocontrol, la empatía, la de dedicación, la integridad, la habilidad
para comunicarse y la habilidad para iniciar y aceptar los cambios.
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