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Para
algunos, hablar ante un grupo, dar una charla o exponer un proyecto a más
de dos personas puede ser algo estimulante. En cambio, a otros les da el
tembleque y pierden el control, y puede que los menos, simplemente, salgan
corriendo ante esta situación diciéndose a sí mismos que jamás podrán
hacerlo. Sin embargo, cualquiera que tenga algo que decir puede levantarse
ante un grupo y hablar con entusiasmo y convicción.
Por supuesto, todos
tenemos alguna faceta de timidez. Esta timidez puede forzarnos a actuar de
manera que nadie lo note o puede hacer que experimentemos todos los
síntomas clásicos del pánico. Empezaremos por analizarnos un poco:
¿estamos en forma?. No se trata de estar en buena forma física, sino en
nuestra actitud ante situaciones como la de hablar en público y que pueden
ser percibidas como estresantes. Podemos tener un contenido interesante y
estructurado, fluidez verbal e incluso la habilidad de demostrar
entusiasmo con una buena gesticulación y, sin embargo, quedarnos
bloqueados por enviar mensajes erróneos a nuestro cerebro. Así pues, de lo
que se trata es de "entrenar" a nuestro cerebro.
Existen diferentes
técnicas de autocontrol emocional para preparar previamente una charla,
conferencia o exposición de una idea. Entre las más comunes, figuran la
relajación, la respiración, detener el pensamiento o fijarse unos
objetivos. Todas ellas actúan frente a la ansiedad, pero no todas son
válidas para cada uno. Tú eliges. Lo mejor es observar cómo actuamos, cómo
tratamos o "maltratamos" la información que enviamos a nuestro cerebro,
porque lo importante no es lo que nos pasa, sirio cómo interpretamos lo
que nos pasa.
BUSCAR LAS SITUACIONES
Si queremos entrenarnos
por nuestra cuenta, hemos de propiciar todas aquellas ocasiones que nos
permitan exponer nuestras ideas ante varias personas: reuniones familiares
o de amigos, comunidad de vecinos, reuniones de trabajo, asociaciones,
participación en cursillos, talleres de teatro... lo que sea con tal de
practicar y perder el miedo al
ridículo, a la crítica o
a cualquiera de las horribles consecuencias que imaginamos de antemano.
Debemos aprender a andar andando, es decir, no esperar a que nos lleguen
las situaciones sino buscarlas. También es importante, durante nuestro
entrenamiento, que nos establezcamos objetivos realistas y a corto plazo.
No podemos pretender ser un perfecto orador en poco tiempo.
En cambio, nos motivará
más ir viendo cómo mejoramos al observar, por ejemplo, que ya no alargamos
el final de algunas palabras o apoyamos mejor con gestos lo que decimos.
Un objetivo realista a corto plazo generará más triunfos que fracasos y
esto redundará en una mayor autoestima, lo que a su vez contribuirá a
mejorar la comunicación. Si el objetivo no se consigue en el plazo que
hemos previsto, podemos analizar simplemente los errores y buscar
alternativas para lograr
lo. No tenemos por qué
rizar el rizo ni asumir recetarios o normas fijadas por otros. lo mejor es
ajustarnos a nuestro propio ritmo de aprendizaje.
MANOS A LA OBRA
Ya estamos hablando. la
excitación aumenta y correteos el riesgo de bloquearnos. El objetivo en
ese momento es poder reducir nuestro nerviosismo, pero nuestros intentos
originan, paradójicamente, un aumento de la tensión porque los acompañamos
con diálogos internos del tipo "como no te relajes, esto va a ser un
desastre". Por lo pronto, el realizar unas cuantas inspiraciones profundas
y ralentizar nuestra actividad y movimientos, poniendo una cara plácida,
tranquila y relajada, puede contribuir a disminuir nuestro nerviosismo.
Los músculos de la cara proporcionan al cerebro una información que se
corresponde con los estados emocionales expresados en el rostro, es decir,
nuestro cerebro correlaciona las expresiones faciales con los estados
emocionares.
Por increíble que pueda
parecer, si nuestra faz indica confianza, tranquilidad y alegría -no una
mueca forzada ,
nuestro cerebro obedece y
empezamos a sentirnos de ese modo. Lo contrario también ocurre; si
ponernos una cara triste y preocupada se producen percepciones
desagradables.
El aprendizaje de métodos
de relajación, como el de la relajación muscular progresiva, resulta muy
útil; a medida que se va conociendo la técnica, el proceso se hace cada
vez más breve hasta que se consigue un buen nivel de relajación a
voluntad.
CONSEJOS PRÁCTICOS
Podemos evitar respuestas
físicas corno el temblor de manos, la tensión en el estómago, el sudor o
las palpitaciones e ignorar pensamientos como "qué horror, cuanta gente,
creo que me he olvidado de todo", con la reacción de miedo lógica. ¿Cómo?
Poniéndonos en situación con frases creíbles por uno mismo, del tipo “ya
he hablado delante de un grupo en otras ocasiones”, “estoy tranquilo-a”,
“de esta charla no depende mi futuro”, . O afrontando el miedo paso a
paso, sin correr: “¿siento miedo? mira cómo disminuye en cuanto me
relajo”, “lo estoy haciendo bien”, “no hay nada malo en cometer errores,
siempre que no me avergüence o me quede estancado en ellos”.
La frases que nos digamos
no tienen porqué ser estas. Las mejores son las que nosotros nos
planteamos y nos creamos. Las que sean con tal de que no nos lancemos
ningún mensaje negativo. Además de la práctica en el mundo real, el ensayo
mental resulta tremendamente efectivo. De hecho, todos tenemos la
experiencia de haber practicado con la imaginación.
Por último, el modelado
es una de las formas más rápidas de aprendizaje. Tal vez no sea tan
efectiva como el ensayo y el error lo que aprendemos a base de batacazos,
difícilmente lo olvidamos , pero sí más rápida y menos dolorosa. Consiste
en elegir un modelo y, como ejercicio, intentar reflejar exactamente la
fisiología de la otra persona: su forma de hablar, su entonación, ritmo,
énfasis... Al modelar el comportamiento de otra persona a la que
admiramos, se empiezan a experimentar nuevas opciones de pensamiento,
emoción y acción, siempre y cuando no se envíen al cerebro mensajes
incoherentes como "no sé para qué sirve esto" o "parezco un tonto-a".
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