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CONECTAR CON LAS NECESIDADES DEL CLIENTE  
Carmen Blasco. Psicóloga y formadora.
   

Las personas diferimos las unas de las otras y lo habitual es que lo que para nosotros es importante no lo sea para el cliente y viceversa. El resultado puede desembocar, comprensiblemente, en un conflicto de prioridades si no nos ponernos en su lugar, es decir, de su parte.

Para ello, tenemos que conocer nuestros servicios desde el punto de vista de nuestros clientes.

Con frecuencia, el conocimiento que tenemos de nuestros servicios es algo que se da por sentado en las empresas y, por otra parte, es muy corriente recibir ideas inadecuadas, más segadas hacia la empresa que hacia el cliente.

Hemos de conocer los productos desde el punto de vista del cliente. Los clientes recurren a nosotros para satisfacer unas necesidades. Tales necesidades se cubren con las ventajas de los servicios que les ofrecemos y esas ventajas se derivan a su vez de las características técnicas de dichos servicios. La clave reside en analizar todo lo que ofrecemos con arreglo a este planteamiento antes de enfrentarnos con el cliente, para que nuestra manera de pensar la orientemos hacia él.

Qué nos mueve a ser CLIENTE

Existe una serie de necesidades comunes a todos nosotros que nos empujan a adquirir productos o servicios y a convertirnos así en clientes. Una de nuestras primeras necesidades, generalmente cubierta en nuestra sociedad, se refiere a lo más básico: comida, alojamiento y vestido. Son necesidades inherentes al hecho de estar vivo y rozan lo que podríamos llamar el umbral de subsistencia. Cuando traspasamos ese umbral, el siguiente escalón es el de la seguridad a todos los niveles, tanto física como psicológica, económica y socialmente. Los clientes necesitan que les den seguridad en frecuentes ocasiones. A menudo, suelen preguntarse si el servicio es fiable, si no sería preferible otro sistema, si la marca y la empresa son serias, si existen suficientes garantías... Es conveniente en estos casos utilizar ideas y palabras relacionadas con la seguridad para tranquilizar de esta manera al cliente.

A veces, también compramos para sentirnos parte de algo, para pertenecer a un grupo determinado. Aparece entonces la necesidad del cliente de situarse con relación a los demás. Entra aquí el concepto de usuario o de cliente fiel a un producto o marca y esa fidelidad va a depender en gran parte de la imagen que tenga de dicho producto o marca en concreto. En otras ocasiones, lo que nos empuja a consumir es la necesidad de estima, de sentirnos queridos y apreciados.

Esta necesidad está relacionada con la imagen de la empresa. El trato que recibe un cliente es decisivo para que se sienta importante, apreciado y escuchado o, por el contrario, incómodo, enojado o defraudado.

La atención que recibe el cliente.

Por último, la necesidad de ser y sentirnos importantes nos mueve a menudo a la hora de comprar. Entran en juego el reconocimiento profesional y social y la necesidad de que se nos reconozcan nuestros meritos, de resaltar entre los demás. Satisfacemos esa necesidad de "ser reconocido como individuo" cuando, por ejemplo, utilizamos el nombre del cliente para preguntarle. Reforzándole y personalizando nuestro trato, ya sea directamente o por teléfono.

Imagen de empresa e imagen de marca

¿Cuál es la razón por la cual podemos caminar más de tres manzanas para ir a un banco determinado en lugar de trabajar con el que tenemos debajo de nuestra casa? La cultura ha evolucionado con el mayor nivel de consumo, de manera que los consumidores son cada vez de menos pacientes y más exigentes gracias a las posibilidades actuales de elección e información. Basta con encontrar en un principio un mal gesto o comentario, una respuesta poco clara o una situación incómoda para cambiar de agencia de viajes, por ejemplo. Por ello , es preciso conocer nuestros diferentes productos y servicios no sólo desde el punto de vista de la propia empresa, sino desde la óptica del cliente.

Por otra parte, también puede darse el caso de que los productos de una empresa sean excelentes así como la imagen que ofrecen a través de sus folletos y la publicidad en prensa, radio y televisión. Y que después esa imagen no coincida con la ofrecida mediante la atención telefónica o presencial. Así pues, la calidad en el servicio de atención al cliente, tanto telefónica como personal, y sus resultados palpables son un factor definitivo del éxito de cualquier empresa por pequeña que sea.

El tema de la marca es necesario tratarlo porque no es suficiente con tener unos buenos productos. De lo que se trata es de presentar ante todos los clientes una buena "personalidad pública ", una personalidad que encaje con la forma de sentir, vivir, y actuar del tipo de público al que irá destinada, con unas definiciones de carácter y ventajas diferenciales que lo hagan efectivamente deseable.

Sin embargo, aun cuando es verdad que una imagen concreta y favorable puede tener mucha importancia para el éxito de una organización, no hay que olvidar asegurarse de que no es algo superficial, como ocurre con la belleza física.

Tenemos que definir cuál es esa "personalidad pública" de la empresa, es decir, la imagen de empresa y de marca ofrece a su público objetivo al que, por cierto, también hay que saber definir para después centramos en la comunicación y trato con el cliente.

La escucha activa

Saber escuchar es importante, necesario, imprescindible. Mucho más de la mitad de nuestro tiempo durante la jornada laboral lo pasamos escuchando.

Cualquiera que supervise, ofrezca servicios o trate de algún modo con personas, depende enteramente de algo tan básico como olvidado: la comprensión y la interpretación correcta de cuanto se nos dice.

Para comprender los sentimientos y experiencias de otra persona, lo mejor que podemos hacer es escuchar. Sin embargo, los expertos en comunicación señalan que solemos perder más de dos terceras partes de cuanto oímos y, por otra parte, lo que oímos no siempre lo retenemos y lo perdemos en cuestión de minutos.

Todos suponemos que sabemos escuchar. No obstante, escuchar no es lo mismo que oír. Cuando fuimos a la escuela nos enseñaron a leer y escribir, pero escuchar lo "dieron por sabido".

Las personas que tratamos con el público dependemos totalmente de nuestra capacidad para descubrir y retener en la mente las necesidades, actitudes e inclinaciones de los clientes y posibles clientes. Necesitamos escuchar para evitar confusiones, retrasos o errores.

Escuchar eficazmente nos ayuda a obtener información que da obtener a través de otros medios. Y lo que es más importante, resulta vital en un contexto en el que no sólo intervienen las palabras sino también las expresiones emocionales, el tono de voz y los gestos.

Por otra parte, escuchando ayudaremos a nuestro cliente a que nos haga llegar su mensaje.

Cómo mejorar la comunicación con el cliente

- Acordarse del nombre, de algo que le interesa al cliente, de algunos detalles del cliente cuando ha pasado el tiempo.

-Tomarse interés por solucionar las posibles pegas: "no se preocupe, personalmente me encargaré de averiguar qué ha ocurrido..."

-Ante un problema, plantear varias alternativas de solución al cliente: "podemos hacer esto o lo otro; ¿qué le parece mejor?".

-Escuchar las ideas y el contenido, no los datos o la forma.

-Mantener una actitud positiva en todo momento y la mente abierta, intentando dominar los sentidos al máximo.

Carmen Blasco. Psicóloga

 

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