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Un puente hacia el futuro   
Josep Abenia
    Es curioso observar cómo hay profesiones que han adoptado las nuevas tecnologías desde el primer momento como si fueran algo que hubiera existido toda la vida. Tal es el caso de secretarias, contables, publicistas, etc. También las hay que, debido a su propia definición, difícilmente permitirán una entrada tecnológica más allá de lo puramente testimonial, como puede ser el caso de los artesanos, u otros oficios afines.

En este artículo, sin embargo, quisiera detenerme en colectivo profesional que a menudo utiliza para su trabajo aparatología muy sofisticada, y en cambio, muestra cierto temor a todo lo que "huela" a tecnología: la esteticista.

Cierto es que, desde tiempos inmemoriales, el cuidado de la belleza se ha caracterizado por el aprovechamiento y transformación de sustancias y elementos naturales, sin ninguna necesidad de "ayuda externa". Ya en la civilización de Egipto, y más tarde en Grecia y Roma, los aceites perfumados de flores y los tintes con extractos naturales estaban a la orden del día, así como el carmín para los labios, extraídos de plantas y arbustos.

El fenómeno del móvil

Sin embargo, en estos tiempos en los que casi cualquier actividad que hacemos está impregnada de ordenadores, telefonía móvil, conexiones digitales, etc., la profesional de la estética no debería escapar a los beneficios que nos brinda esta nueva sociedad de la información. Como ejemplo, baste decir que hace tan sólo 8 ó 10 años, nadie nos hubiese tomado en serio si nos hubiéramos atrevido a vaticinar que en el año 2002, y en España, iba a haber más de 22 millones de móviles. ¡22 millones en un país de 40 millones de personas! ¡Estás de broma! Y sin embargo, hoy, la gran mayoría de esteticistas tiene un teléfono móvil y atiende llamadas de clientes que piden cita a través de este tipo de teléfono.

Los beneficios que las nuevas tecnologías pueden aportar a nuestro negocio son enormes. Por ejemplo, los datáfonos, esos aparatos que permiten realizar transacciones comerciales mediante tarjetas de crédito, se han convertido en un servicio casi imprescindible, ya que ofrecen una gran comodidad al cliente en el momento de pagar.

Por supuesto, los ordenadores también son un buen ejemplo. Gracias a la creciente facilidad de uso de los actuales sistemas operativos y programas, hoy en día es posible que una sola persona pueda crearse su propio sistema de gestión y contabilidad, excelentes campañas de marketing, un seguimiento personalizado de clientes, y hasta crearse su propia página web en Internet, con tienda virtual incluida.

Podríamos citar multitud de ejemplos como éste, y siempre nos quedaría algo en el tintero. Aún así, parece ser que la esteticista, por regla general, no se muestra gran amante de las nuevas tecnologías. Quizás sea por tener un carácter más "intimista" que el resto de profesiones, el oficio que cuida de la belleza ha tenido hasta ahora mucho que ver con el contacto humano, con las terapias que trabajan la sensibilidad de nuestros sentidos (aromaterapia, masajes, etc.) e incluso con algunos desarreglos psicosomáticos, y en cambio, ha tenido hasta ahora muy poca relación con los fríos ordenadores, de códigos incompresibles (y en inglés, además), con extrañas técnicas y protocolos, sólo aptos para ingenieros, o con sofisticados sistemas de marketing y gestión, sólo aplicables a las grandes empresas.

Compañeras de viaje

Sin embargo, y afortunadamente, los caminos de una (la esteticista) y otra (la tecnología), van, poco a poco, encontrándose. Por un lado, la esteticista, sin renunciar a esa especial sensibilidad de la que suele hacer gala cuando trabaja, ya está ofreciendo, casi sin saberlo, un amplio abanico de productos y servicios que sólo han sido posibles gracias a la más alta tecnología (depilación láser, aparatos de gimnasia pasiva, presoterapia) y otros que necesitan en mayor o menor grado de la ayuda de la aparatología moderna (tratamientos personalizados, servicios SPA, etc.)

Por otro lado, la tecnología, siendo cada vez más sofisticada e inteligente, se ha ido acercando más y más al usuario final, de forma que, nosotros, como ciudadanos, aún viviendo en un mundo altamente tecnificado, no sólo no la apreciamos como algo invasivo, sino que hoy ya nadie quiere vivir sin ella: Radio y TV, coches cada vez más seguros e inteligentes, tarjetas de crédito, video consolas, móviles... Todo esto es, no lo olvidemos, tecnología.

Las nuevas tecnologías están ahí, y es un hecho que ya no se puede (y en mi opinión no se debe) cambiar. Y la esteticista, que está demostrando día a día que sabe adaptarse a las necesidades del mercado, tiene ahora la gran oportunidad de mejorar la calidad de sus servicios, aprovechando las grandes posibilidades que ofrecen los sistemas actuales. Es un paso más que debe dar como profesional de la estética y como abanderada de la belleza y el bienestar, especialmente aquellas que trabajan para sí mismas, o en pequeños centros de estética, que son la gran mayoría. Las grandes cadenas y franquicias dedicadas a la cosmética, peluquería y cuidado personal saben perfectamente que necesitan modernizarse y ya se están equipando adecuadamente.

No debemos pasar por alto que en muy pocos años, cualquier profesional que se precie (y no sólo en el ámbito de la estética), deberá saber manejarse con cierta soltura frente a conceptos como correo electrónico, páginas web, buzón de voz, tarifa plana, marketing on line, etc...

Es importante tener en cuenta que hoy día un negocio ya no es solamente un local comercial a donde la gente acude para comprar un producto o servicio. En un futuro, más cercano de lo que parece, un centro de belleza que esté preparado para comunicarse con sus clientes vía correo electrónico, o que ofrezca un escaparate virtual en una página web, entre otros servicios, tendrá una importante ventaja competitiva con respecto a otros salones más "tradicionales" que no posean estas nuevas vías de comercialización.


Un caso práctico

Quizás sería interesante cerrar este artículo con un ejemplo:

Imaginemos un salón de belleza que tiene informatizada su gestión, de tal forma que, entre otras cosas, tiene todos los datos de sus clientes metidos en el ordenador.

Nuestro salón de estética tiene, además de un ordenador con impresora, conexión a Internet. Un día, una buena clienta comenta de forma informal que está pensando en ponerse las uñas de porcelana, de cara a una boda a la que asistirá dentro de un par de meses. María (así se llamará nuestra esteticista), no ofrece por ahora este servicio, aunque tiene unos mínimos conocimientos sobre el tema, por lo que le da a su clienta una breve explicación, pero sin poder asesorarla demasiado bien. Sin embargo, tiene una agradable sorpresa para ella, para cuando ésta vuelva a visitarla, la próxima semana.

Cuando dispone de un rato libre, María se conecta a Internet y busca información relativa a esta técnica. Pronto descubre que hay una web que habla del tema y ofrece información interesante, junto con buenas fotografías. Decide imprimir ésta información para obsequiar a su clienta con un pequeño dossier sobre uñas de porcelana. Lógicamente, María ha aprovechado la ocasión para informarse bien sobre el tema, y de paso valorar la posibilidad de empezar a dar este servicio, después de haberse formado adecuadamente.

¿Qué ha hecho María?

  • Demostrar a su clienta que es importante para ella, por lo que ha buscado la forma de satisfacer su necesidad (antes que otros lo hagan).
  • Crear un vínculo con ella, por lo que va fomentando la fidelidad de su clienta (-"¿Para qué irme a otro sitio, si María me lo puede hacer?")
  • Incrementar sus conocimientos profesionales, al profundizar sobre un tema nuevo (reciclaje continuo)
  • Mejorar la calidad e imagen de su negocio, al existir la posibilidad de incorporar las uñas de porcelana a su lista de servicios.

¡A esto se le llama hacer bien las cosas, y además, crear un valor añadido a nuestro negocio!

Cierto es que María también podría haberlo hecho manualmente, preguntando a algún proveedor. Pero esto hubiera supuesto una demora de tiempo, al tener que buscar teléfonos de proveedores, esperar la visita de los comerciales, etc. La probabilidad de que María hubiera podido "sorprender" a su clienta, hubiese sido menor, sin duda, y probablemente, al no poder actuar de forma inmediata, quizás ni siquiera lo hubiera hecho. Lógicamente, acciones de marketing como la de este segundo ejemplo no se pueden hacer con todos nuestros clientes, sino con aquellos que sean realmente significativos para nuestra empresa, pero eso no debe ser obstáculo para que empecemos a pensar en diferentes acciones de marketing que podamos aplicar a todos los niveles.

 

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